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ARGUMENTO

Ella no sabía que había algo por lo que estaba dispuesta a suplicar...

___ ______ ha sido testigo de muchas cosas extravagantes como presentadora de un programa de televisión sobre sx. Pero nunca había conocido a un hombre como Nick Jonas, un reconocido maestro de las artes eróticas que desea proporcionarle todo aquello por lo que ella suspira en secreto. Aunque Nick es guardaespaldas y pretende protegerla del acosador que la persigue, ___ no se siente en absoluto segura en su presencia.Cuando comienza a participar en los juegos sexuales que él le propone, que la someten a su voluntad, intuye que sus motivos no son tan inocentes como parecen, pero no imagina lo personales que pueden llegar a ser. Y así, seduciendola, dominandola, Nick hará realidad sus más profundas fantasías...

La sigo?? Solo ustedes deciden Smile

PD: Esta novela es un libro adaptado, muy bueno por cierto. Por lo tanto, NO es mía.






Última edición por Gargallos95 el Lun Ago 09, 2010 1:54 pm, editado 1 vez

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2 Capitulo 1 el Lun Ago 09, 2010 1:52 pm

La sigo porque me lo han dicho e_é , pero comentar en el foro , tansolo hay que dar en responder y a teclear para dar tu opinion :

Capitulo 1:
—¿Te has permitido alguna vez dejarte llevar por un hombre cuyo único propósito sea el de darte placer?
Las palabras aparecieron en la pantalla del portátil de ___ ______. Inspiró, sobresaltada. Hacía menos de tres minutos que había conocido a ese hombre en un chat. ¿Cómo podía saber él que era eso lo que ella quería?
Debía de haberlo intuido o adivinado de alguna manera. No le había contado nada sobre sí misma, ni una sola cosa salvo su nombre y que quería entrevistarle para su programa de televisión por cable.
Pero mientras ella permanecía en silencio, anonadada, él dejó al des­cubierto sus secretos.
—¿No quieres que un hombre mire en tu interior, que conozca tus más íntimas fantasías, ésas tan oscuras que ni siquiera cuentas a tus amigos, y que consiga que se hagan realidad?
___ sintió que una oleada de deseo se le anudaba en el vientre y le comenzaron a sudar las manos. Tragó saliva.
La silenciosa sala de estar empezaba a teñirse con todos los colores del atardecer. ___ se removió en el sofá de cuero negro, intentando ignorar esos deseos que le rondaban en la cabeza.
Esto era trabajo. Él era trabajo. No era buena idea perder la cabeza por el que sería su próximo entrevistado. Puede que sólo fuera un pro­grama nocturno de entrevistas para la televisión por cable, pero Provó­came era su trabajo, su creación, su pequeña rebelión... su vida.
Además, desear a un hombre del que no sabía ni siquiera su verda­dero nombre, al que jamás había visto en persona —cuyo estilo de vida ni siquiera conocía—, era, sencillamente, una estupidez.
—Entonces, Amo N, ¿qué hace un Amo? —Tecleó la respuesta, deci­dida a mantener una conversación ligera—. ¿Convertir las fantasías en realidad?
—Algunas —respondió él al fin—. Pero eso simplificaría demasiado la cuestión. Lo más importante es contar con la confianza de tu pareja. La confianza es importante en cualquier relación, especialmente en una que implica Dominación y Sumisión. Si ésta no existe, ¿cómo podría una mujer entregarse libremente al cui­dado de un hombre sin estar segura de que su bienestar y su seguridad siempre serán lo primero para él? ¿Cómo podría saber que su Amo la comprenderá hasta el punto de hacer realidad cada una de sus fantasías más atrevidas?
¿La dominación era algo más que atar a alguien a la cama para echar un polvo? La sorpresa hizo que ___ frunciera el ceño. Confianza, seguridad, comprensión... tenía que admitir que todo ello sonaba como una fantasía en sí mismo. Era cierto que ella había echado en falta todas esas cualidades en la relación con su último novio, Andrew, en especial, la comprensión.
—La confianza permite que una mujer conecte con esa parte primitiva de su ser que implora rendirse a la misericordia de su Amo, sin saber si los planes que éste tiene para ella implican placer, dolor, o ambas cosas a la vez
___ no podía negar que el Amo N le intrigaba más ahora que cuando uno de sus ayudantes de producción, Reggie, le había pasado su biografía.
Entrando en su correo electrónico, abrió el dossier que le habían proporcionado y lo releyó de nuevo.
«Activo practicante de técnicas de dominación y sadomasoquismo durante casi diez años, el Amo N ha experimentado todas las facetas, pero continúa aprendiendo. Posee una compañía de seguridad personal y ha sido guardaespaldas de senadores, diplomáticos y deportistas. Gra­duado en West Point, también ha prestado servicio en las Fuerzas Es­peciales del Ejército como jefe de equipo antes de pedir la baja voluntaria».
___ cerró el correo electrónico. El párrafo revelaba mucho del hombre cuyas palabras la hacían estremecer con oscuras fantasías. Au­todisciplina, honor, coraje. Pero al mismo tiempo decían muy poco de él. ¿Quién era ese tipo? ¿Sería cierto que podía atar a una mujer y jugar con ella hasta hacerla implorar?
—¿___?—Su nombre apareció en la pantalla—. ¿Sigues ahí?
—Lo siento. Estaba pensando. Al parecer tengo que aprender más del tema para hacer bien el programa. Supongo que pensé que todo consistía en ataduras de terciopelo y esposas.
—También consiste en eso.
Ella se rió, ignorando el deseo que se le enroscó en el vientre... y más abajo. Sentir curiosidad no la convertía en una depravada. Por su­puesto que no. Sencillamente sentía interés en conocer las costumbres de otras personas.
—Pero además es un intercambio de poder y confianza —tecleó él—. Una mujer elige entregar su cuerpo y su mente a su Amo. Rinde su cuerpo y su libertad a cualquier cosa que él desee.
«¿Qué tipo de rendición?» Exigió saber una vocecita en su interior. Miles de oscuras imágenes de sus más íntimas fantasías le inundaron la cabeza: ella arrodillada ante el miembro de ese desconocido, él or­denándole que abriera las piernas para poder examinarla a sus anchas, ella atada a la cama mientras él se disponía a hacer cualquier cosa que quisiera.
Aturdida por el escandaloso rumbo que llevaban sus pensamientos, se obligó a ignorarlos e inhaló con fuerza.
Había leído que mucha gente tenía fantasías de sumisión en algún momento de su vida. Tenerlas era algo normal, no importaba lo que hubiera dicho Andrew.
___ volvió a removerse inquieta sobre el sofá de cuero, igno­rando la humedad que sentía entre las piernas.
—Pero una relación de sumisión consiste en mucho más —escribió el Amo N—. ¿Cómo es posible atar a alguien, vendarle los ojos, dejar a oscuras la habitación donde se encuentra y aún así conservar su confianza? ¿Cómo desarrollar una rela­ción gratificante cuando sólo una de las partes tiene todo el poder?
«Exacto».
La mirada de ___ permaneció anclada en la pantalla mientras esperaba que él escribiera más. Durante una dilatada y silenciosa pausa contuvo el aliento, pero no ocurrió nada. El Amo N no iba a revelar nada más. Supuso que era así como actuaba en el dormitorio. Que ten­dría la virtud de dar y de no dar.
Finalmente, una larga respuesta apareció en la pequeña ventana del chat.
—Lo siento, acabo de recibir una llamada urgente. Tengo que irme. Si crees que puedo ayudarte con el programa podemos quedar. Te responderé entonces a todas las preguntas que quieras hacerme. En un lugar público si lo prefieres, así no tendrás que preocuparte de que sea un asesino en serie intentando camelarte. Será más rápido. Soy muy bueno dominando, pero no escribiendo a máquina . Aún tecleo con dos dedos.
___ contuvo su impaciencia. Algo no demasiado difícil cuando ese hombre la hacía sonreír con sus chistes.
—De acuerdo —contestó—. ¿Podemos quedar mañana a las tres? He es­tado «googleando»y he encontrado un lugar que parece ser bastante popular en Lafayette, llamado La Roux. ¿Lo conoces?
—Cher, soy de aquí. Conozco hasta las grietas de las aceras.
___ sonrió y tecleó:
—¿Cher? ¡No soy ni lo suficientemente alta ni vieja como para haber sido can­tante en los sesenta!
—Jajaja. Quiere decir cariño en francés —tradujo él—. Soy cajún, el francés es mi idioma materno.
___ leyó la respuesta e ignoró el leve aleteo de su estómago. El flirteo era algo muy francés, y él se había criado en esa cultura. Sin duda era tan natural para él como respirar.
— Supongo que he vivido en Los Angeles demasiado tiempo. ¿Quedamos entonces?
—Claro. ¿Cómo te reconoceré? Hay muchas chicas bonitas en Lousiana. Quiero estar seguro de revelar mis más íntimos secretos a la correcta.
___ no dudaba de que sería una persona fascinante. Tenía algo que ver con su interés por los látigos y las cadenas. No cabía duda de que la mayoría de las mujeres «normales» saldrían corriendo espantadas en dirección contraria al pensar en el más leve dolor o sometimiento en el sx.
—Llevaré un sombrero de paja, gafas de sol, bufanda y un enorme abrigo oscuro —contestó.
—Parece como si fueras a ir disfrazada —respondió el Amo N.
No tenía ni idea. No pensaba pregonar a los cuatro vientos que tenía un acosador. ___ esperaba que la razón por la que necesitaba disfrazarse fuera atrapada pronto y comenzara a pudrirse en el infierno.
—Hasta mañana —escribió.
—Au revoir.
Momentos después apareció en su pantalla el mensaje que anun­ciaba que el Amo N había abandonado el chat. Con un suspiro, se movió para cerrar la ventana.
Le temblaba la mano. No, le temblaba todo el cuerpo, a pesar del calor que le hormigueaba bajo la piel.
Estaba cansada, eso era todo.
«El cansancio no te hace sentir dolor en esos lugares tan persona­les», se burló la vocecita de su mente. «El cansancio no te moja».
—El cansancio me hace oír vocecitas molestas en la cabeza —se quejó.

Very Happy :$

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3 Capitulo 1 Parte 2 el Lun Ago 09, 2010 1:58 pm

Intentó relegar al Amo N al fondo de su mente y centrar la atención en las preguntas que le haría al día siguiente. El guión del programa tenía que estar listo pronto, y quería estar preparada para empezar la se­gunda temporada con un bombazo. Tenía una audiencia aceptable, y con el material adecuado, el programa acabaría de despegar hacia el estrellato.
Eso significaba que que tenía que concentrarse en el objetivo de su trabajo.
Sin embargo, diez minutos después seguía con la mirada perdida en la pantalla en blanco, y ___ admitió que no podía dejar de pensar en el Amo N ¿Por qué?
«¿Quizá porque él sí vive todas esas fantasías que a ti te gustaría experimentar?»
___ sacudió la cabeza, resuelta a ignorar esa exasperante vocecita. Sentía curiosidad, no era una viciosa. No importaba lo que Andrew dijera ni lo que pensara su madre.
Con un suspiro cogió el teléfono y marcó el número de su ayudante de producción en Los Angeles.
—Reggie —dijo cuando le contestó—. Mira, hablé con ese tipo que me recomendaste, el Amo N, y me leí su biografía. Me reuniré con él mañana. ¿Cuál es su historia? ¿Sabes algo más sobre él?
—Sí —contestó el hombre, con esa voz ronca producto de fumarse dos cajetillas diarias—. Hice algunas llamadas a Lousiana y pregunté en los clubes de sadomasoquismo de la zona si habían oído hablar de él sólo para asegurarme de que no es un farsante. Todo cuadra.
Era un alivio... pero al mismo tiempo no lo era. Reggie se había convertido rápidamente en un segundo padre para ella, y confiaba en él. Pero ignorar la curiosidad que sentía por el Amo N habría sido mucho más fácil si Reggie no hubiera podido corroborar esos datos. Ojalá hubiera podido considerarlo como otro chiflado más que quería hablar de sx en la tele.
___ se mordisqueó un labio..., pero su innata curiosidad ganó la partida.
—¿Qué se comenta sobre él?
—Muchas cosas. No es un habitual en esos clubes, pero suele acudir con regularidad. Al parecer, sabe cómo tratar a las mujeres y tiene una reputación en consonancia. Muchas de las personas con las que hablé me dijeron que él sería capaz de lograr que hasta una monja le suplicara que la atara y la follara. Definitivamente le gustan las mujeres sumisas. Oye, ¿no estarás interesada en ese rollo, verdad?
—¿Qué? —El corazón de ___ se saltó unos cuantos latidos—. ¿Yo? ¡No! —se burló—. ¿Por qué iba a interesarme un matón que dis­fruta haciendo que una mujer se sienta inferior?
—¿Estás segura? —Reggie sonó escéptico.
—¿Tengo pinta de que me gusten ese tipo de cosas? —replicó ___.
Reggie no dijo nada y ___ sintió que la invadía la angustia.
Un sonido en el cerrojo de la puerta hizo que ___ mirara en aquella dirección. Suspiró aliviada cuando su hermanastro, Brandon, entró en la estancia.
—Tengo que dejarte —le dijo a Reggie—, te llamaré mañana des­pués de haberme entrevistado con ese tipo.
—Hola, hermanita —la saludó Brandon cuando colgó el teléfono.
Apartando de su mente la conversación con Reggie, se levantó y se acercó a él para darle un abrazo.
—Hola, ¿has tenido un buen día?
La aristócrata boca de su hermano se frunció en una mueca.
—No exactamente. Me tengo que ir a Irak y permanecer allí tres semanas.
La sorpresa y, si ___ era sincera consigo misma, el miedo, se le anudaron en el estómago.
—¿A Irak? Pensé que te pasabas la vida sentado detrás de un escritorio.
—Y así es casi siempre, pero hay excepciones.
—Oh, demonios... ¿por qué a Irak?
—Información clasificada. —Soltó una risa amarga—. Ya conoces este mundo... no puedo decir dónde voy ni lo que haré, pero no voy a estar cerca ni de un ordenador ni de un teléfono. ___, no quiero dejarte sola. Es peligroso, y sé que estás asustada.
___ tragó saliva. Brandon ya había hecho mucho por ella aco­giéndola en su casa, a pesar de que podría provocar la ira de su querido papaíto, para protegerla de la escoria que la acechaba. Tenía miedo, pero no permitiría que Brandon se sintiera culpable sólo por hacer su trabajo.
—Estaré bien. —Ya pensaría en algo... tenía que hacerlo—. Estaré ocupada con el trabajo. No te preocupes.
—Si ocurre algo, creo que deberías llamar a papá.
___ lo miró boquiabierta, conteniéndose para no soltar un co­mentario sarcástico.
—Puede que sea tu papá, pero para mí sólo es mi padre biológico... el mismo que ha negado mi existencia los últimos veinticinco años.
Brandon suspiró.
—___, ya sabes cómo son los políticos, especialmente en el sur. Si la gente supiera que echó una canita al aire con una jovencita que apenas tenía edad para votar teniendo una esposa y tres hijos en casa...
—Sé que eso arruinaría al senador del gran estado de Texas.
—Se rumorea que presentará una candidatura para la Casa Blanca en el 2012. —La simpatía y la pena se reflejaron en la atractiva cara de Brandon.
—Eso es exactamente por lo que no puedo llamarle. Además, ni siquiera contestaría a mi llamada.
—Lo haría si estuvieras en peligro. Papá podría protegerte.
___ tenía sus dudas pero no dijo nada.
—Es una pena que no podamos decirle que soy tu novia. Funciona con el resto del mundo.
—Hum, si alguna vez se descubriera nuestra verdadera relación, tendríamos que confesar que somos culpables de incesto o de mentir. No es una elección fácil.
—Esperemos que eso no ocurra. De todas formas, no creo que mi acosador sepa que he abandonado L.A., así que no tendrá ni idea de dónde encontrarme.
Asintiendo con la cabeza, Brandon comenzó a examinar el correo. Cuando llegó a un enorme sobre, frunció el ceño.
—¿Sabe alguien que estás en Houston?
¿Aparte del Amo N, con quien había chuteado quince minutos antes, y algunos amigos cercanos?
—No.
La preocupación atravesó como un nubarrón la cara de Brandon.
—Alguien lo sabe. Esto estaba en el buzón. No tiene ni remite ni franqueo. Fue entregado en mano.
Le tendió el sobre, y ___ lo tomó mientras el temor le hervía en el estómago. Conocía esa letra.

_____
Todo por hoy Smile
Comenten mucho y mañana subo el segundo capitulo :
)

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4 La sigo? el Lun Ago 09, 2010 3:22 pm

La Sigo? Laughing



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5 :P el Lun Ago 09, 2010 7:34 pm

Me encanta la novela(:
Síguela^^

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6 Perfecto el Lun Ago 09, 2010 7:36 pm

Ok , hoy a las 12 de la noche habra un nuevo capitulo , un beso ^^


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7 :D el Lun Ago 09, 2010 7:39 pm

Joo! A esa hora no puedo leerlo :S
Crying or Very sad

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8 no pasa nada el Lun Ago 09, 2010 7:40 pm

Bueno estara puesta , leela cuando puedas Smile


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9 *-* el Lun Ago 09, 2010 7:42 pm

Pues tendré que leerla mañana u_u
Ñañañañaña
Es que a esas horas,estoy con el móvil T.T
Sad

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10 Ok el Lun Ago 09, 2010 7:47 pm

No pasa nada ^^

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11 :) el Lun Ago 09, 2010 7:51 pm

ñañañañañañañaña :3

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12 Capitulo 2 el Lun Ago 09, 2010 9:24 pm

Capítulo 2


Santo Dios, ¿cómo la había encontrado allí? ¿Y cómo tan rápido?
«¡No!»
Conteniendo el aliento, abrió el sobre y sacó el contenido. Cuando lo hizo, unos pétalos de color rosa con el centro húmedo y los bordes mustios cayeron al suelo, flotando en el aire hasta el duro suelo de ma­dera. Pareció como si gruesas gotas de sangre cayeran a su alrededor.
___ soltó un jadeo. Él sabía que ella estaba allí. ¿Cómo la había encontrado?
Luego su mirada cayó en las fotos. Fotos de ella. En la primera apa­recía llegando al aeropuerto de Los Ángeles el día que había huido a Houston. En la siguiente estaba en el patio de Brandon con un chándal y una sudadera que mostraba sus pezones erguidos por la fría brisa matutina. La última era una foto en la que aparecía con un camisón de encaje y seda y una bata a juego, mientras se despedía de Brandon con un beso en la mejilla en la entrada de la casa antes de que él se marchara a trabajar. Esa misma mañana.
Con el estómago revuelto, ___ no protestó cuando Brandon le arrancó las fotos de sus dedos entumecidos. Las examinó con una mal­dición ahogada.
—Son del acosador, ¿no? Está aquí. ¡Qué hijo de perra! —Se pasó una mano por el pelo oscuro y crespo, cortado de manera convencio­nal—. Voy a llamar a la policía.
Santo Dios, ojalá las cosas fueran tan sencillas.
—No pueden hacer nada. La policía de Los Angeles me dijo que él tenía que hacer algo ilegal antes de poder ir a por él. Hacer fotos no va contra la ley.
—Ha invadido mi propiedad. —Brandon sostuvo en alto la foto del patio trasero, arrugándola con sus grandes dedos—. Mi patio es propiedad privada. La única manera de hacer esta foto es entrando ilegalmente. Ha quebrantado la ley.
Cogió el inalámbrico y marcó el 911. ___ simplemente negó con la cabeza.
Aunque Brandon tenía razón, dudaba que la policía de Houston pudiera hacer más que la de Los Angeles. El acosador no había robado nada, no había causado ningún destrozo... aún. ___ podía sentir cómo la ira del acosador iba creciendo por la frecuencia de sus contac­tos y por el hecho de que la había seguido hasta Texas. Y a la policía no le importaría lo que ella dijera.
Brandon colgó el teléfono.
—Llegarán en un momento.
___ se encogió de hombros e intentó controlar el pánico que burbujeaba en su interior.
Sin poder hacer nada más que esperar, volvió a meter las fotos en el sobre. Cuando se encontró con que algo se lo impedía, se dio cuenta de que había otra cosa dentro. Perpleja, metió la mano en el sobre. Por lo general, ese loco bastardo sólo enviaba fotos... unas fotos descon­certantes e inquietantemente íntimas, pero nada más.
Pero no había sido así en esa ocasión.
Sacó bruscamente del sobre marrón un recorte de papel en el que había garabateado unas feas letras negras.
«Me perteneces. Eres mía».
___ se tragó el nudo de miedo que le obstruía la garganta. Ahora él se comunicaba con ella. Directamente. Le transmitía su posesividad, la furia que sentía ante la idea de que hubiera otro hombre en su vida. Ese lunático no sabía que Brandon era su hermanastro. Había creído la historia que Brandon había inventado, tanto para ex­plicar la presencia de ___ en su casa como para alejar al psicópata acosador.
Aunque pensar en quedarse sola asustaba a ___, una parte de ella se alegraba de que Brandon tuviera que irse al día siguiente. Si le ocurriese algo, no sería porque su acosador hubiera decidido quitar de en medio a la «competencia». Ya se le ocurriría algo en las próximas tres semanas que Brandon estaría fuera. Encontraría algún otro lugar a dónde ir, de manera que cuando Brandon regresara, ella no pudiera poner en peligro al único de los hijos del senador Ross que se había puesto en contacto con ella.
Quizá, como Reggie le había sugerido antes de marcharse de L.A, necesitaba un guardaespaldas.
—¿No tienes ni idea de quién puede ser este pervertido? —gruñó Brandon, mirando fijamente la nota por encima del hombro de ___.
—No. —Ella negó con la cabeza—. Ojalá la tuviera. No me llevo mal con ninguno de mis compañeros de trabajo. Y mi novio me aban­donó, no lo dejé yo.
—¿Uno de los seguidores del programa? ¿Un fanático que no sepa que hay ciertos límites?
___ se encogió de hombros.
—Quizá. He recibido un extraño e-mail de un seguidor del pro­grama, pero no resulta amenazador, ni invade mi intimidad.
—-Voy a buscar a alguien que llegue hasta el fondo de esto, pequeña. No voy a dejar que te ocurra nada —le prometió.
En ocasiones como ésa, ___ se preguntaba cómo era posible que Brandon y ella tuvieran algo en común con los demás hijos del se­nador Ross. No tenían nada que ver con esos hombres ávidos y ham­brientos de poder.
—Maldición —juró de pronto Brandon, rompiendo el silencio—. Ojalá no tuviera que irme mañana. Me recogerán a las cinco de la ma­drugada y no podría ser en peor momento. ¡Maldita sea! El gobierno puede ser un amante de lo más exigente.
___ no sabía exactamente en qué trabajaba Brandon, no le per­mitían contárselo a nadie. Por cosas que él le había comentado en los tres años transcurridos desde que había descubierto el secreto de su padre y la había localizado, ___ había supuesto que trabajaba para Inteligencia. Pero no tenía ni idea de qué hacía.
—Si tanto odias tu trabajo, y deseas presentarte como candidato a un cargo público como sé que deseas hacerlo, ¿por qué simplemente no lo haces?
Por primera vez desde que lo conocía, Brandon no le sostuvo la mirada. Se dio la vuelta cerrando los puños con fuerza.
Los abrió con evidente esfuerzo y luego dijo:
—No puedo.

_________________________
Al día siguiente, ___ se dejó caer en una silla de hierro forjado en la terraza de un pequeño café, junto a una pintoresca cadena de tiendas exclusivas. La tarde de febrero caía lánguidamente y era sorprendente­mente bochornosa. Luchando contra el cansancio tras haberse pasado casi toda la noche en vela, le echó una mirada al reloj de su muñeca. Las tres en punto. Había calculado bien el tiempo. El Amo N debía de estar a punto de llegar.
Se le contrajo el estómago al pensar en ello.
Sin embargo, ésa no era la única razón. Podía sentir las miradas sobre ella, observándola, evaluándola y espiándola. Tenía erizados los pelos de la nuca. Miró a su alrededor y escudriñó a la multitud. Nada.
___ respiró hondo, intentando reprimir su inquietud. No era difícil imaginar que si un psicópata era capaz de seguirla desde Los An­geles a Houston, no iba a costarle nada seguirle la pista hasta Lafayette. Lo más probable era que estuviera a salvo allí sentada en esa soleada plaza, pero si la reconocía, su acosador la vería con el Amo N, lo que su­ponía le sentaría todavía peor que verla con Brandon. Y cuando se hi­ciera de noche, y estuviera sola en la casa de su hermanastro...
No, no podía pensar en eso ahora. Tenía que recordarse que estaba allí por un asunto de trabajo, y que si su acosador la reconocía o estaba observando ese encuentro, no vería nada sexual entre el Amo N y ella.
Se ajustó la bufanda y el sombrero para asegurarse de que le cubrían el pelo, y se colocó las gafas de sol. Tal vez estaba siendo paranoica. Nadie la iba a reconocer así vestida. Ojalá después de esa entrevista pudiera meterse en la cama de un albergue tranquilo y dormir hasta que se le ocurriera alguna forma de quitarse de encima a ese acosador.
Un camarero le dirigió una amplia sonrisa; sus dientes blancos con­trastaban contra la piel oscura. ___ se esforzó en devolverle la son­risa mientras pedía un té helado.
En cuanto se fue, tiró del largo abrigo que había tomado prestado del armario de Brandon, recolocándolo bajo las caderas y levantando las solapas, El camarero apareció con el té. Volvió a examinar el reloj de pulsera. Las tres y cinco. Le daría a Amo N, unos minutos más. Allí sentada se sentía vulnerable ante el psicópata que la estaba siguiendo... De repente, comprendió que había sido una imprudente.
—Tú debes de ser ___.
El profundo susurro llegó desde sus espaldas, casi encima de su oreja. Un cálido aliento rozó el lateral de su cuello, y ___ se estre­meció involuntariamente.
___ se giró, aturdida por el hecho de que alguien se hubiera po­dido acercar a ella con tanto sigilo a pesar de lo nerviosa que estaba. Pero él se había acercado en completo silencio.
Y era impresionantemente guapo.
El pelo, espeso y oscuro, caía sobre una frente amplia. La mandíbula era angulosa, y la barbilla con un hoyuelo estaba cubierta por una som­bra de barba que proclamaba su masculinidad con la misma sutileza que un estampido de una bomba. La boca ancha se curvaba con una expresión que parecía mitad sonrisa, mitad desafío. Y, oh, esos ojos. La atrapaban. Acentuados por unas cejas negras, esos ojos perspicaces la observaban como si pudieran ver en su interior. Como si él conociera todos sus secretos.
Bajar la mirada por su cuerpo no ayudó a calmar los latidos de su corazón. El Amo N medía más de uno ochenta y cinco, poseía unos hombros anchos y un cuerpo lleno de músculos duros que se hacían evidentes bajo una camiseta negra y ceñida que la hizo pensar en una sólida e inquebrantable montaña. Nadie podía mover una montaña. Nadie podría mover tampoco a ese hombre, a menos, claro está, que él quisiera ser movido.
Con sólo mirarle fijamente, ___ se sintió atraída por él e inva­dida por la lujuria.
Era una suerte que su encuentro se limitara a esa reunión en pú­blico. De cualquier otra manera, ___ creía que no hubiera sido res­ponsable de su comportamiento.
Tragó saliva para recuperar el habla.
—Sí, soy ___.
Cuando le ofreció la mano, él no se la estrechó. Demasiado sencillo. Atrapándola con la mirada, se inclinó y se llevó la mano de ___ a la boca, depositándole un beso sobre los dedos.
«Oh, Dios Santo...»
Una ardiente sensación le recorrió el brazo a toda velocidad, y los latidos de su corazón adoptaron un ritmo candente. Él se recreó, dejando que su cálido aliento le acariciara el dorso de la mano, mientras sus dedos jugueteaban con el centro de la sensible palma. Estremeci­mientos ardientes le atravesaron la piel y le subieron por el brazo.
El efecto que el Amo N tenía sobre ___ no terminaba ahí. De hecho, el impacto de su presencia, de su contacto, la afectaba tan pro­fundamente que un latido comenzó a pulsar suavemente entre sus pier­nas. Como si su clítoris necesitase anunciar a su libido que quería desnudarse para ese hombre.
«¡Es sólo trabajo!», se dijo a sí misma.
Con un discreto tirón, ___ liberó la mano. El Amo N sonreía cuando se sentó a su lado —en vez de enfrente—, y acercó la silla unos centímetros más. Ella intentó ignorar lo consciente que era de él cuando el muslo masculino rozó el suyo, provocándole un hormigueo.
—Gracias por reunirse aquí conmigo, señor... ¿Cómo te gustaría que te llamara?
Esa amplia sonrisa pareció burlarse de su incertidumbre y procla­mar un perverso conocimiento de su próximo debate sexual.
—Por ahora, será suficiente con que me llames señor.
—Vale. Sí, señor.
En el momento que las palabras salieron de su boca, ___ se dio cuenta de lo sexuales que habían sonado. De lo sexuales que él había pretendido que sonaran. No sólo eran respetuosas, aunque lo eran. Pero con respecto al Amo N, ella no podía conseguir que su voz fuera algo más que un ronco murmullo.
¿Cómo sería llamarle señor en privado?


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no la entiendo mu bien jajaja
y sinceramente me e saltado unos parrafos jajaja
perdon... Embarassed

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14 U.U el Lun Ago 09, 2010 9:44 pm

Intenta no saltarte los prrafos , y poner en lso espacios tu nombre Very Happy

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a valee
jajaaj lo de intenta no saltarte los parrafos igual me cuesta
jaajaj

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jjajaaja aora mejor jajaja Razz

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aiii
esta clase de noves me encanta.. juasjuasjuas
sigue Smile
yo acabo de subir el primer cap de la mia.. es la de: "vivir con los jonas... nick,por que me aces esto... joe mirame" (titulo resumido XD)

Ver perfil de usuario http://mm.. tuenti supongo.. XD

18 Gracias el Miér Ago 11, 2010 1:54 pm

De esta aun no he escrito mas , lo siento , cuando la tenga la subire lo mas rapido posible , gracias Very Happy

Ver perfil de usuario http://jonasbrothers.forogratis.biz

19 :$$ el Miér Ago 11, 2010 8:11 pm

Sigue subiendo novela en cuanto puedas,está genial Very Happy

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Me encanta Smile Siguela ^^

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21 Nick Jonas y Tú .. el Vie Ago 13, 2010 11:32 pm

Me gusta la noveeeeee , síguela What a Face

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